Divino de tan humano

“Vinimos a traerle el mensaje que Jesús tiene para todos: él volverá a dirigir a su pueblo” – dijo el que golpeó mi puerta. Mi respuesta fue: “¿Quién le dijo que ese mensaje es mío? Yo no autoricé a nadie a hablar en mi nombre”. El hombre abrió mucho los ojos, tan sorprendido como paralizado; proseguí:

“Mire mi amigo, la gente – incluso usted – no está preparada para ningún mensaje mío… ¿Cómo iba a avisar de mi retorno? Lo más probable es que me vuelvan a crucificar. Vaya, pregúntese cómo espera a quién espera y cuando tenga la respuesta vuelva: lo estaré esperando”, y cerré la puerta en sus narices.

Nadie sabe si soy ese que volvería: ni yo lo sé con certeza (al menos hoy). Pero el punto de este post no es si soy o no soy, si vamos o no vamos. El punto es precisamente la pregunta que hice al mensajero: ¿Cómo esperamos que se presenten los “enviados”? (divinos, extraterrestres, lo que sea). ¿Qué expectativa tenemos de su apariencia, de su entrada triunfal, del contacto abierto? Seguramente esperamos tanta espectacularidad que no valoraremos el momento en que ocurra y rechazaremos cualquier suceso “por falta de condimento”.

Estamos tan alienados por las autoridades que sólo creemos en algo si las autoridades lo anuncian (gobierno, iglesia, papá y mamá) o si viene flotando en una nube y con música de coros; somos tan incapaces de confiar en nuestra intuición que creemos que intuir es desconfiar, y por eso confiamos solamente en los protocolos conocidos. Lo más probable es que los extraterrestres sean como cualquier extranjero: habrá altos rubios y habrá morenos gorditos, unos con rayo láser y otros con botellita de agua, unos con botas de luz y otros con zapatillas gastadas. Dicen que ya están entre nosotros, así que tan espectaculares no deben lucir…

Aprendamos a buscar: las señales no entrarán por los ojos sino por la emoción. Lo que nos asegure que estamos frente a seres evolucionados no será la tecnología que nos muestren, será la confianza en nosotros mismos que nos hagan sentir. Antes de llevarnos a pasear por la galaxia, un ser evolucionado nos hará enamorarnos de nosotros mismos.

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