Estar consciente

Somos como un buque portaaviones: en nuestra cabeza conviven unos seis mil tripulantes con especialidades diferentes, muchos de ellos necesarios: el miedoso, el temerario, el supersticioso, el ateo, el fiel, el ingenuo, el desconfiado, el que se las sabe todas, el que se las cree todas, el comprometido, el seguro, el llorón, el santo, el demonio, el indiferente… Todos están en la nave.
En diversos momentos del día a día alguno pasa por la cabina de mando, agarra el micrófono y grita una orden de acuerdo a su personalidad: “mira como me has lastimado”, “cada batalla me fortalece”, “lo que importa es el sacrificio” , “esto es un caos”, “yo puedo con lo que venga”, “me cago, me cago”, “amor y paz”, “váyanse todos a la mierda”, “amo al prójimo”, “socorro, vamos a morir”, “eduquemos para la paz”, “me voy a hacer un chaleco bomba y volaré todo”, en fin, cada uno según su personalidad grita algo al micrófono como si fuese el que manda.
Como toda nave de guerra tenemos sólo un comandante: él ya estaba antes que empezáramos a navegar, antes que el resto de los tripulantes aunque no recuerde cuándo subieron algunos ni quién los trajo; los oye a todos oportunamente; tiene autoridad y poder para que cada uno haga su tarea específica, incluso puede despedir a quien quiera, y estando despierto JAMÁS LES PERMITE GOBERNAR LA NAVE porque sabe que no están entrenados para ello y la consecuencia es acabar contra las rocas.
El comandante lo sabe todo; carece de temor, no sufre de pánico ni de exceso de confianza, no sufre de insomnio, ansiedad, incertidumbre o pereza; no tiene odio ni compasión: sabe lo que debe hacerse para cumplir con la misión de cada viaje y mantener el buque en perfecto estado. Pero hay que despertarlo y darle el mando, porque a pesar del griterío está descansando en la bodega. El comandante se llama Estar Consciente.

No permitamos que la tripulación gobierne nuestra nave: la mayoría son guardianes de viejos prejuicios de los armadores, o traidores infiltrados por algunos turistas con que nos hemos relacionado.
Despertemos al comandante, démosle el mando… y feliz viaje.

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