Porqué deseamos algo

Solemos creer que no todos nuestros deseos pueden cumplirse, que cada vez que logramos una alegría la vida nos hará pagar con un dolor.

NO.

Continuamente algo llega y algo se va; esa es la dinámica del Universo. La vida no cobra con lágrimas las alegrías que nos da, simplemente porque la vida no nos da nada: conscientes o no, todo lo buscamos y hallamos nosotros mismos, vivimos lo que hemos ido construyendo con nuestras creencias. El hijo del carpintero decía: “para aquel que cree, todo es posible”; se nos ha enseñado que “lo que quiso decir es que aquel que cree en dios, bla bla bla…”, pero él dijo muy contundente “para aquel que cree todo es posible”… lo que crees, creas.

Por eso Pedro caminó sobre las aguas varios pasos; luego sus viejas creencias le jugaron en contra y se hundió. Cuando Jesús lo sacó del agua sólo le preguntó: “¿por qué dudaste?”…

Nuestros deseos son susurros del Espíritu; es la Divinidad en nuestra esencia diciendo “hazlo”, “consíguelo”, “realízalo”: si nació en nosotros el deseo, es porque debe manifestarse en nuestra vida, de lo contrario no hubiéramos deseado.

Necesitamos cambiar nuestras creencias para cambiar nuestra realidad: somos dioses en fase de crisálida, tal como el hijo del carpintero enseñó: “cualquiera de ustedes que crea en mí, hará cosas aún mayores que las que yo he hecho”.

Dejemos de creer en los que dicen servirle y ponen obstáculos como la “indignidad” y “el pecado”: creamos sólo en él y hagamos los milagros que queramos, pues para esto fuimos creados.

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