Una preguntita…

¿Te consideras imbécil? ¿Verdad que no?
Nadie se considera a sí mismo un imbécil. Los más autocríticos serán mesurados en su respuesta, pero nadie se considera un imbécil.
Sin embargo, basta que en un lugar lleno de gente alguien grite: ¡Eh, tú, imbécil!” para que todos nos demos vuelta dispuestos a defender nuestra claridad intelectual…
A un gordo no se le debe definir como gordo, eso es discriminación. Es gordo, pero no debemos recordárselo porque es una falta de respeto. En cambio podemos describirlo como alguien con “problemas de obesidad”: suena respetuoso.
Igual pasa con los negros, los cajetillas, los pelados, los dientudos, los bizcos, los rengos, los petisos, los flacos, los lindos, los feos, los blanquitos, los pelirrojos, los magros, los culones, los pardos, los jorobados, los judíos, los tuertos, los musulmanes, los yanquis, los canarios, los gallegos, los tanos, los jóvenes, los viejos, los planchas, los veteranos, las mujeres, los hombres, los trolos, trolas, trans, metro y medio sexuales: podemos ir presos por decir cualquiera de estas palabras para indicar o referirnos a cualquiera, porque ahora la ley juzga y condena haciendo gala de la videncia: adivinan la mala intención que tuvimos al usar esos términos.
En un momento de enojo podemos decir “afro-descendiente con aparente dislexia”, “persona con disturbio alimenticio y de opción sexual no convencional” o “sujeto femenino de agradable figura pero con coeficiente intelectual inversamente proporcional a la claridad del color de su cabello” y nada de eso será un insulto.
¿Tan bajo hemos caído en nuestra necesidad de atención que debemos ir al juez cuando alguien mencione nuestra particularidad física o nuestra conducta social más notoria? Deberíamos también mandar preso a nuestro amigo-pareja-hijo cuando nos dice “escuchame boludo”… pero no claro, eso es re-moderno.
Boludo.
Hay gente muriendo a tiros, muriendo de hambre, muriendo envenenada de tristeza y, peor aún, hay gente viviendo olvidada en una sociedad donde defendemos los derechos humanos de asesinos… ¿Y nos damos el lujo de ofendernos cuando nos describen? Porque decir “el gordo” para señalar a un ser con sobrepeso no es un insulto sino una descripción.
La próxima vez que alguien me grite “viejo idiota”, voy a sonreír y decirme a mí mismo: “Pobre loco, debe tener un día terrible”, y seguir mi vida feliz, educando a mis hijos para un mundo nuevo, uno con la autoestima bien alta.

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