El hombre alto

Yo tenía 13 años cuando sucedió este evento. Volvía de estudiar, serían las nueve de la noche; el cielo estaba gris, hacía frío y yo caminaba solo.
Casi llegando a mi casa un hombre alto, muy alto, pasa a mi lado; me sobresaltó verlo aparecer delante y casi encima de mí, no lo había visto ni oído venir por la calle vacía, apenas iluminada por las lamparillas de las casas.
Me llamó la atención su extrema altura tanto como su expresión triste, la grisacea palidez de su rostro, su andar desgarbado, su mirada perdida. No lo conocía, nunca antes lo había visto; él pasó a mi lado sin notarme, sin darse cuenta del susto que me causó, sin afectarse por el grito seco que solté.
Apenas hubo pasado un par de metros de mí, noté con sorpresa que no hacía ningún ruido al andar sobre la calle de gravilla suelta, entonces giré mi cabeza para verle… y el hombre alto ya no estaba: había desaparecido tan misteriosa y silenciosamente como apareció, en medio de la calle solitaria, esa noche fría y nublada que me llegó hasta los huesos.

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